SAMJOKO: “El Mito del Cuervo de tres patas” y su vinculación con el número 3 y con el TaeKwonDo

Al igual que ya comentamos hace un tiempo, en un artículo anterior, sobre la relación del Tigre con el Taekwondo y la Cultura Coreana, (el cual os animamos a releer si no lo habéis hecho ya, visitando el siguiente enlace: https://cutt.ly/MjNWJmy), en multitud de logos y/o emblemas de clubes y escuelas de Taekwondo así como de otras tantas Artes Marciales Coreanas, aparecen representados enigmáticos seres, a caballo entre lo mitológico y lo real, como tigres, osos, dragones, tortugas e incluso pájaros, los cuales, muchos de ellos suelen pasar de largo y escapar a la comprensión del humilde e inexperto aprendiz, e incluso de los propios Maestros que los escogen, si uno no va algo más allá de lo estéticamente bonito del emblema en sí.

Logo Club Tang Soo Do

Y curiosamente, existe un ser algo atípico y no tan conocido quizás por los occidentales de a pie, pero que para los coreanos posee una fuerte connotación místico-filosófica asociada. Ser este, el cual podemos ver representado no solo en logos de clubes, sino también en forma de estatuas, cuadros, joyas, tatuajes, puntos de libro o incluso en ropajes, como por ejemplo, en la exquisitamente lograda decoración de la capa interior del espectacular dobok Geumgang Grand Master de Mooto, obra de arte irresistible para los ojos.

Interior dobok Gran Master de Mooto.

Esta especie de extraña figura con forma de pájaro en pose solemne (reconozco que a mí al principio me costó visualizarlo…) que se nos muestra esquiva, en tantos lugares, suele ir encerrado en un círculo dorado y es conocido con el nombre de ”Samjoko” (o Samjogo) y posee la friolera de unos cuantos miles de años de antigüedad remontándose a tiempos muy lejanos de la Dinastía Han (hace unos 2200 años), en la Antigua China. Casi nada, vamos.

Milenio arriba, milenio abajo, para aquellos que no lo conozca aún, el “Samjoko o Samjok-O”(삼족오 en Hangul y 三足烏 en Hanja) es una criatura mitológica celestial muy relevante en la mitología y cultura, no solo coreana, sino también china (Sanzuniao) y japonesa (Yatagarasu), el cual ha perdurado hasta el día de hoy y que viene representada habitualmente por un ente con forma de ave de tres patas y de color variable en función del país de adoración, aunque el predominio del negro, vinculándolo de forma premeditada con la figura de un cuervo, es innegablemente imperante en toda su iconografía.

Sin embargo, a pesar de que en la tradición occidental, al cuervo siempre se le ha asociado con el mal agüero, la oscuridad, o incluso con el Demonio, dada su faz tétrica y que básicamente no ayude tampoco que sea un ave carroñera que inicia la ingesta de sus ágapes por los ojos y el cerebro (sí, da asquete, lo sé); en la Cultura Oriental las cosas no son como aparentan y, si se rasca un poco en la superficie, resulta que, sin comerlo ni beberlo, uno se encuentra con una leyenda ancestral que atiende al Mito de la Creación del Mundo, donde el cuervo representa un tótem a la adoración al Dios Sol. Podríamos aseverar pues, que el Samjoko es un ser venerado como deidad, el cual representa la conexión de los dioses celestiales con el mundo terrenal de los humanos que viven bajo su divina protección, por lo que su voluntad y comportamiento se ven influidos por él. Pero en ningún caso en la forma negativa que nosotros podríamos esperar.

Imagen de una estátua en Corea.

No en vano, el Samjoko, durante mucho tiempo, fue el emblema dominante bajo la Dinastía Goguryeo o “Koguryo” (Uno de los tres reinos más poderosos que gobernaron sobre la península de Corea durante al menos 800 años entre los siglos I a.C. y el VII d.C.), usado como el máximo exponente mitológico del poder por encima de todas las cosas. Legado este, que ha perdurado hasta nuestros días. Otorgándole al Samjoko mayor poder incluso, que a las otras dos figuras ya míticas a la par que desgastadas del folklore coreano, como son la del Dragón o la del “Bong Hwang” (봉황 o “Ave Fénix Coreano”), confundiéndole a menudo con este último, por cierto.

Imagen del cuervo con tres patas encontrada en murales de la tumba nº 1 de Goguryeo de la aldea Jinpa-ri.

Dicho lo anterior, queda más que clara la relación íntima entre el Samjoko y la expresión misma del poder al ser el nexo conector entre el Cielo y los Hombres en la Tierra, pero nos quedan un par de dudas existenciales pendientes. ¿Por qué 3 patas? y ¿qué relación puede tener con el Taekwondo?

Sello Presidencial con la figura del Bong Hwang.

Para responder a la primera pregunta, hemos de rascar todavía más sobre la superficie y, si lo hacemos, descubriremos allá donde miremos, que el número 3 siempre ha tenido connotaciones místico-esotéricas en multitud de culturas y religiones durante milenios, tanto en Oriente como en Occidente sobre las que voy a intentar dar una breve paseo sin pretender meterme en camisas de once varas.

Pues bien, su más clara evidencia para los occidentales, sería la ejemplificación de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en la Religión Cristiana o en el “Ojo de Buda” o “Tercer Ojo”, representativo de la iluminación o “sabiduría omnisciente”, para los orientales. Pero ya antes, los Celtas, los Griegos, los Romanos o los Egipcios, concedían al número 3 una relevancia sobrenatural clara tanto numérico-matemática como espiritual-religiosa. Para los Antiguos Griegos, el triángulo equilátero, simbolizaba la perfección, la sabiduría y la armonía al ser la primera figura geométrica más sencilla y hermosa que se podía construir, después de la línea recta. E incluso los Mayas, al otro lado del charco, veneraban el “Oxib” (3 en Maya) para representar los tres planos del Universo (Inframundo, Tierra y Cielo) o también la relación entre Dios, la Naturaleza y el Hombre. También en Masonería el número 3 está presente, por ejemplo, en su blasón más característico (la escuadra, el compás y la legra G (“God”)) y representa la transformación/mutación del individuo en su auténtico “Yo” mediante el uso de las herramientas que le otorga la ciencia, en pro de la búsqueda constante de la verdad.

Blasón masónico típico

Sea como fuere, el 3, viene ligado a tríadas incuestionables de profundo significado ancestral: el Nacimiento, la Vida y la Muerte; Presente, Pasado y Futuro; Evolución, Aprendizaje y Crecimiento; plano Físico, mental y espiritual; etc… Por tanto, no es de extrañar que haya sido un número talismán asociado en esencia a la conocida triada compartida por todas las culturas tanto en Oriente como en Occidente, que representa el sentido último del equilibrio entre “Cuerpo, mente y espíritu”, así como para esa conexión ya mencionada entre el Cielo, la Tierra y el Hombre, quedando este último enmedio.

Además, dentro de la tradición Taoista china, existe una concepción filosófica del número 3 como número “perfecto” asociado a la armoniosa fluidez motora de todo lo que nos rodea. Hecho que vemos claramente representado en el “Tao Te King” de Lao-Tze (libro pilar de la sabiduría oriental), bajo la eterna relación entre el Yin, el Yang y el Dao (o Do), manifiesta en esta escueta formulación de dicho libro:

Del Tao nació el Uno,

del Uno nació el Dos,

del Dos el Tres,

y del Tres, todas las cosas.

Todas las cosas llevan el Yin a sus espaldas y el Yang al frente,

y alcanzan la armonía por la unión de estos dos principios que todo lo llenan.

(Estracto del Tao Te King)

Donde todos los opuestos enfrentados (Yin y Yang) se armonizan mutuamente bajo la acción del Tao, puesto que no pueden existir el uno sin el otro.

Nota: Entendiéndose el Tao (en ocasiones también llamado Taiji o “TaiChi”. En coreano TaeGuk) como el catalizador universal a modo de energía cósmica generadora de todas las cosas. El número 3, lo podemos ver también, en el uso de los famosos “tigramas”, dentro del “I-Ching” o “libro de las Mutaciones (o de los Cambios)”. Tratado filosófico chino entre el Taoísmo y el Confucianismo, usado durante milenios a modo de oráculo, incluso aún hoy en nuestro días. Donde dichos tigramas y combinaciones de los mismos (hasta 64), representan las distintas transformaciones de todos los procesos cambiantes de la naturaleza que construyen toda nuestra existencia en un transcurso cíclico sin fin.

Representación de los 8 tigramas originales (Pal-Gwe) con la figura del Taiji (Taeguk) como pilar central.

Y aprovechando la coyuntura de todo lo expuesto, podemos ver la influencia implícita clara del número 3 en las Artes Marciales y, como no podía ser de otra manera, en el Taekwondo, en ejemplos como en el cuello en V (forma triangular) o en el mismo Do-Bok (“Ropa para el Camino”), el cual, posee 3 prendas diferenciadas, cada una con su simbolismo propio. La casaca representaría el Yang (Cielo), los pantalones el Yin (Tierra) y el cinturón al Hombre, que a modo de círculo une a ambos (Yin y Yang) para formar el Universo.

También podemos ver la sutil presencia del número 3 y de los tigramas, implícito en el diseño de las formas tradicionales, las cuales van más allá de ser una simple recopilación y concatenación de técnicas básicas y movimientos de combate pensados para el entrenamiento en solitario contra un adversario imaginario, sino que albergan toda una profunda filosofía tras ellas en pro de la perpetua búsqueda del equilibrio. Sin ir más lejos, el Chon-Ji Hyong (o Tul), -primera forma del Taekwondo Oh Do Kwan propia del estilo Chang’Hon para cinto blanco-, significa literalmente “el Cielo y la Tierra”, el cual consiste en dos partes con movimientos similares que representan la confrontación de los opuestos (Ying-Yang o Um-Yang en coreano), interpretándose como símbolo de la Creación del Mundo y marcando el inicio del largo Camino del aprendizaje del Taekwondista en el Tao (Do).

En lo que respecta a los “Poomsae TaeGuk”, la palabra TaeGuk sería algo así como la “eternidad originaria del Cosmos, esencia de todo que marca las normas de la vida humana”-, donde cada una de las 8 (Pal) formas representan a su vez un tigrama (Gwe) que reproduce un aspecto de dicha filosofía oriental, marcando “el camino de la armonía entre las mutables fuerzas del Universo, las cuales actúan sobre los tres “niveles del Ser” (Cielo, Hombre y Tierra). Y como no podía ser tampoco de otra manera, el primer Taeguk o “Taeguk Il Chang”, representaría el símbolo de “Keon” (Cielo/Yang), el más importante de los tigramas del I-Ching (“Chuyok” en coreano), que simboliza el comienzo de la creación de todas las cosas. El Keon-Gwe además es distintivo del poder y la grandeza, cosa que nos viene al pelo también para relacionarlo de forma rocambolesca (por qué no) con el Samjoko que teníamos algo olvidado ya, con tanto número 3 por aquí y por allá.

Imagen tomada del Kukkiwon Taekwondo Textbook

Como curiosidad añadida, el símbolo representativo que aparece en el logo bien visible en el pecho, usado por los integrantes de la Asociación Coreana de Grandes Maestros 9º Dan Kukkiwon en sus doboks, es el “Sam-Taeguk” o “Taeguk de 3 colores”.

Este símbolo, que también aparece bordado en muchas más partes del Dobok, es característico del Chamanismo coreano y compartido a su vez con el Neoconfucianismo, taoísmo y el budismo, donde comúnmente, el azul representa al Cielo, el rojo la Tierra y el amarillo a la Humanidad, en una correspondencia cíclica donde el cielo influye sobre la Tierra, la Tierra sobre la Humanidad, esta sobre el Cielo y así sucesivamente en un movimiento de eterno retorno.

Tambor tradicional Coreano con el Sam Taeguk al frente.

Podemos apreciar también en dicho dobok, gran cantidad de iconografía esotérica relacionada con el 3 y con el Yin y Yang, pues además del Sam Taeguk vemos también la bandera de Corea con sus característicos tigramas y el Taeguk central, así como varias bestias mitológicas, símbolos del poder y la sabiduría, como el SamJoko, el ave Fénix y lo que parece ser un Dragón.

Imagen del precioso dobok exclusivo de los Grandes Maestros 9ºDAN KUKKIWON.
© GM Oskar Posada

La aparición de estos tres animales sagrados incluidos en el Dobok no es para nada caprichosa y no nos ha de extrañar en absoluto, pues ya aparecían juntos en murales del anteriormente citado periodo Koguryo, donde el Pájaro de tres patas, aparece en el Sol, flanqueado por el Dragón y el Fénix.

Mural del Samjoko junto al Dragón y el Fénix. Tumba Ohoe nº 4, siglos VI-VII, Ji’an, China

Para finalizar, solo añadiré que queda más que patente que, además de un simple deporte con protocolos y reglas definidas, practicamos un Arte Marcial repleto de fuertes simbolismos milenarios ocultos marcados por toda una filosofía de vida y de entender el mundo, que trasciende nuestro conocimiento, los cuales no podemos ignorar dejándolos de lado del olvido, por lo que hemos de tener bien presente el peso que conlleva ese fuerte legado ancestral que arrastramos cuando nos enfundamos un Dobok que, aunque sea por puro romanticismo, tenemos la responsabilidad moral de preservar y, cuanto menos, reconocer. Pues si no fuera así y poco a poco nos vamos desprendiendo de ese bagaje cultural desnudándolo de su contenido, le estaremos haciendo un flaco favor al Arte sentenciándolo al Taekwondo a poco más que un desaborido pasatiempo.


© 2021 José Antonio Iniesta Navarro, todos los derechos reservados sobre el texto.

En exclusiva para agentesdeohdokwan.com

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